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Una mirada crítica al Espacio Europeo de Educación Superior

El proceso de convergencia europea ha suscitado una oleada de movilizaciones por parte de distintos colectivos de la educación universitaria que han visto amenazada su existencia y su futuro. A esta oleada de protestas y reivindicaciones se han unido ciertos sectores profesonales que reclaman una mejora de su formación para igualarla a la del resto de los países europeos.

Distintos colectivos universitarios se han movilizado contra la reforma de la educación universitaria que ha comenzado como consecuencia de la declaración de Bolonia. Una de las denuncias principales hace referencia a la reducción de las 140 titulaciones actuales a las 77 que propuso el Consejo de Coordinación Universitaria, máximo órgano de supervisión de estudios superiores en España. La desaparición del 40% de las titulaciones hace tambalear el futuro de los titulados y supone, según estos colectivos, una importante pérdida cultural y la subordinación de la función social del conocimiento a la lógica de la economía de mercado.

Así advierten sobre la posibilidad de que la universidad se ponga al servicio de la empresa y se atienda especialmente a la formación de los profesionales solicitados por las compañías. Estos colectivos expresan su preocupación sobre una posible acentuación en las diferencias sociales en cuanto al acceso a la universidad. Estas desigualdades se reflejarían en el caso de que los títulos de grado sean un mero pase al mundo laboral mientras que los posgrados, los que verdaderamente introducirán la diferencia en cuanto a cualificación, se conviertan en un negocio.

El nuevo modelo pedagógico y su nuevo sistema de créditos, los ECTS, ha sido cuestionado al compararlo con una jornada laboral de 40 horas. Este modelo consagra al alumno a tiempo completo, obviando que con el actual sistema de becas son muchos los alumnos que necesitan trabajar y su estancia en la universidad se complicaría, originando una elitización.

Respecto a la movilidad europea, uno de los objetivos principales del EEES, se muestran escépticos. Valoran como estudiantes europeos los programas que favorezcan la movilidad, pero creen que son totalmente ajenos a la mayoría del estudiantado porque se aprueban sin incrementos de presupuesto. Así concluyen que lejos de las afirmaciones europeístas, la movilidad seguirá siendo una práctica restringida a quienes puedan pagárselo, no un elemento consustancial de enseñanza universitaria.

Ante esta situación, estos grupos (integrado tanto por estudiantes como por profesores) de Historia del Arte, Humanidades, Ingenierías Técnicas, Educación Física, Filosofía, Ciencias del Trabajo y Relaciones Laborales han levantado su voz para mostrar su desacuerdo y reclamar un debate público. Estas acciones han garantizado la existencia de las titulaciones de Historia del Arte y Humanidades, pero consideran que aún queda mucho por hacer.

Por ello han organizado un Foro Social Ibérico por la Educación en Córdoba los días 28, 29 y 30 de Octubre, y unas jornadas de huelga europea contra el EEES para el 17 de noviembre.

Las reformas del EEES no solo han recibido críticas de la comunidad estudiantil. En el ámbito laboral, los técnicos sanitarios reclaman que sus estudios tengan rango universitario como el resto de técnicos europeos. Para ello han convocado una huelga de catorce días en octubre.

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