El pensamiento crítico en la era de la IA, el desafío de formar a los profesionales que buscan las empresas
La IA ofrece respuestas inmediatas, pero las organizaciones demandan profesionales capaces de contrastarlas y tomar decisiones con criterio.
Al terminar la carrera o el máster y acceder al mercado laboral, ¿sabes realmente lo que necesitan las empresas? Lo que más valoran en los potenciales candidatos es el pensamiento crítico, y en la era de la inteligencia artificial, donde parece que ésta tiene las respuestas y soluciones a todo, esta capacidad es más importante que nunca.
Pero, ¿cómo formar en esta habilidad tan demandada desde las universidades y escuelas de negocios? Representantes de IE, EOI, la Universidad Politécnica de Cataluña y Repsol se han reunido bajo una mesa redonda en el IX Foro Alianza por el Desarrollo Digital organizado por AMETIC, para dar respuesta a esta y otras cuestiones.
Para Eva Curto, Responsable de Proyectos Internacionales y del Área de Programas Públicos de EOI, la resposabilidad reside, en gran parte, en los propios profesores. “Los docentes son guías para surferar la información generada por la IA, y contrastarla para que el alumno tenga un pensamiento crítico, en lugar de comprar el relato de lo que escupa la máquina”, opina.
Ernest Teniente, catedrático área de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad Politécnica de Cataluña, recuerda que “la IA no lo hace todo bien, y hay que demostrarlo con hechos”. Por eso, el alumno debe validar la solución que le da la IA y comprobar si tiene errores, fomentando así el pensamiento crítico.
Para Carola Arboli, Director of Academic Affairs de IE, no es solo cuestión de criterio, sino de evitar la pereza que trae consigo la inteligencia artificial. “Se trata de desarrollar unas capacidades vinculadas a la visión, a unos valores, a lo que es y no razonable”, señala. Al ser un tema tan abstracto, la conversación y el debate, así como la reflexión, ayudan a crear un relato, comprender el contexto y tomar decisiones.
Colaboración entre empresas y universidades, aún más necesaria
Antes de dar el salto al mercado laboral, es vital que los estudiantes tengan una primera toma de contacto con la empresa. En la UPC, por ejemplo, cuentan con dos iniciativas: una en la que el estudiante va a trabajar en la empresa, y otra en la que es la empresa la que aporta a la universidad un proyecto real a desarrollar.
En el IE, todo se basa en su metodología de aprendizaje. Sus alumnos tienen una forma de pensar alineada con la cultura empresarial contemporánea, que aúna tecnología, humanidades y diversidad. Este ecosistema permea en la mentalidad de los alumnos y les hace más empleables, pero sobre todo, cuentan con una mejor actitud para interactuar con las empresas porque conocen sus necesidades.
En EOI, por su parte, cuentan con profesores que no son académicos, sino practitioners, es decir, personas que trabajan en la empresa privada o en la Administracion Pública y que enseña al alumnado lo que se está haciendo en las organizaciones.
Desarrollo profesional
Una vez incorporado/a en una compañía, se necesita un proceso de incorporación a la empresa, o lo que ellas mismas denominan onboarding. Este periodo de acompañamiento y formación es necesario para inculcar los valores de la empresa y su manera de trabajar.
En este sentido, Arboli destaca la importancia de gestionar las expectativas de que llega. “Lo más importante es que las empresas planteen unas carreras e itinerarios profesionales en donde los trabajadores puedan innovar”. En su sector, son el financiero y el tecnológico los que más están contratando y los que ofrecen ese componente de innovación.
Curto señala que “no solo hay que formar al alumno, sino a las pymes, porque no saben qué perfil de digitalización necesita”. Es por eso que han formado a mandos directivos e intermedios en transformación digital para hacer los proyectos e identificar los perfiles que necesitan. Destaca, a su vez, que el onboarding requiere tiempo para que el candidato desarrolle todo su potencial, y que el talento debe considerarse una inversión, no como un coste.
Por su parte, Teniente pide a las empresas que confíen en la universidad para “hacer proyectos colaborativos innovadores con el talento de los estudiantes, que no tienen zona de confort y se atreven con todo en un entorno controlado”.